Sobre mí
Me llamo David Morales. Soy Actor de Doblaje y Locutor Español con estudio propio
De un transistor a Netflix: mi historia como actor de doblaje español
¡Hola! Soy David Morales Martín, actor de doblaje español, actor de voz y enamorado de la radio desde niño. Vine al mundo un miércoles, el 11 de abril de 1979, en Barcelona. Un refrán antiguo asegura: «Ni miércoles sin sol, ni viuda sin dolor, ni muchacha sin amor»… Si hubo sol aquel día, nadie lo recuerda; lo que sí sé es que todos mis días de la semana, miércoles incluidos, giran alrededor de un micrófono. Esta historia arranca con un transistor naranja, tropieza con una vocación frustrada de veterinario, se cruza con Indiana Jones y desemboca en proyectos para Netflix, RedBull TV, la centralita de CaixaBank o campañas de publicidad nacionales para Ariel. Y siempre, con un perro cerca. ¿Quieres saber cómo un niño de Barcelona acabó siendo la voz en español de España de tantos proyectos? Sigue leyendo.
Cuando aún no sabía que existían los actores de voz
Mi infancia sonaba a radio por todas partes. Mi abuelo iba a todos lados con su transistor naranja a pilas, con aquel sonido metálico que aún tengo grabado. Los fines de semana me metía en la habitación de mis padres a girar el dial de la radio del cabezal de la cama, hipnotizado por voces que llegaban de lugares que yo ni imaginaba. Y los anuncios… ¡Ay, los anuncios!: Fidelcolor, La Casa de las Mantas, La Mallorquina… Me los sabía todos. Entre semana desayunaba escuchando «Arús con leche», fascinado con aquella gente capaz de alegrarte la mañana desde un altavoz. Años más tarde acabé grabando cuñas para La Mallorquina, y sentí que la vida me guiñaba un ojo: el círculo se cerraba.
En el colegio, hacia cuarto o quinto curso, ya lo tenía decidido: sería periodista. Me encantaba escribir y, todavía más, hablar. Antes hubo una etapa de «quiero ser veterinario», porque los animales son debilidad mía (en la foto me ves abrazado a Chispa, mi primera compañera perruna… luego te cuento una curiosidad). El plan se desmoronó al descubrir que a veces había que sacrificarlos: «¡Ni loco!». Así que ganó el periodismo, y la radio se convirtió en mi primer amor.
A los 13 me planté por primera vez ante un micrófono, en una visita escolar a Radio Tele-Taxi organizada por nuestra profesora, Núria Torrent. Justo Molinero, toda una leyenda de la radio, preguntó quién se atrevía a hablar en antena. Mis compañeros no dudaron: «¡Él, que quiere ser periodista!». Allá fui, temblando, sin auriculares y con el volumen tan bajo que apenas me oía. No recuerdo qué dije, pero salí vivo. Y con una certeza: aquel cacharro y yo estábamos condenados a entendernos.
A los 16 montamos una emisora en el instituto: Radio Institut Puigvert, que sonaba en los recreos y era un caos maravilloso. Mi criatura fue el Trivial-RIP, un concurso en el que mis compañeros se jugaban el honor a base de preguntas, con eliminatorias, final y premio incluidos. Y yo en medio, feliz, ejerciendo de presentador y showman.
Luego vinieron mis pinitos en emisoras locales como Ràdio Trinitat y Ràdio Nou Barris. No todo fue gloria: una vez, en directo, solté «¡Seguimos en Ràdio Nou Barris!» mientras estaba en Ràdio Trinitat. La mirada del director fue un poema, y yo solo quería desaparecer. Pero de los tropiezos se aprende, y reírse ayuda.
Mi verdadera escuela de radio, eso sí, fue Santa Coloma Radio, de la mano de su director, Paco López, justo antes de la universidad y durante toda aquella época. Al acabar la carrera entré a trabajar en una consultoría llevando la comunicación, pero sin soltar nunca el micrófono: seguía haciendo programas en RKB y me monté mi primer estudio casero para grabar secciones. Y ese pequeño estudio lo cambió todo: mi amiga Gemma Puig, que entonces trabajaba en la cadena de tiendas Abacus, me encargó unas cuñas para la megafonía de los establecimientos. Después llegaron cuñas para la radio, grabaciones para la ONG Sonrisas de Bombay (con la que sigo colaborando hoy)… y la bola fue creciendo sin que me diera cuenta. Mis primeras grabaciones eran un desastre, tardaba horas en sacar 20 segundos decentes, pero poco a poco le fui cogiendo el punto.
Y entonces tomé una decisión clave: formarme en serio como actor de doblaje. En la Escuela Catalana de Doblaje (ECAD) estudié doblaje, locución publicitaria y narración de audiolibros, absorbiendo todo lo que se me ponía por delante.
En 2012 se abrió la puerta de una de las grandes emisoras del país: Onda Cero. Y en 2017, cinco años después, llegó el gran salto: dejé la consultoría donde llevaba 15 años para jugármelo todo a la locución y la radio como freelance. Sin clientes suficientes para llenar un sueldo y sin red. Dos meses después, el día de mi cumpleaños, sonó la campana: el proyecto de la centralita de CaixaBank, con quienes sigo trabajando desde entonces. Un subidón y un susto a partes iguales. Detrás vinieron muchos más: locuciones para Teledeporte gracias a un casting, RedBull TV por un colega alemán que conocí en un congreso, y Netflix gracias a un contacto francés que me presentó a una productora de doblaje internacional. Poner voz en Say I Do o Magic for Humans fue de esas cosas que no te crees ni mientras las vives.
Triple nominación a los One Voice Awards
En 2024 recibí tres nominaciones a los One Voice Awards en español: mejor voz en off (Voice of God) en eventos en vivo, mejor interpretación en e-Learning y mejor interpretación en voz guía (museos, transportes y experiencias inmersivas). No me llevé ninguno, pero verme entre los mejores, y en tres categorías tan distintas, ya me supo a premio. Y en conferencias como VO Atlanta o la One Voice Conference de Londres he podido conocer a gigantes de esta profesión, como Nicky Mondellini, la reina de las villanas de telenovela. Puro aprendizaje y buen ambiente, sin excesos épicos que contar.

Lejos del micro: Italia me tiene robado el corazón, los canelones son mi perdición y en casa manda mi perra Chispa. Lo de los animales no se me pasó nunca. Solo me queda una espina: que Chispa acepte entrar conmigo en el estudio de grabación… ¡y se niega en redondo! Eso sí, cuando edito audios en la cama con el portátil, ahí está ella a mi lado, supervisando como la jefa que es. Por cierto, se llama Chispa, como la perra con la que compartí mi niñez. Y ese nombre no se lo puse yo. Ya lo tenía cuando la adoptamos en un refugio de animales. ¡Cosas del destino!
Ser actor de voz es algo íntimo: tú y el micrófono. Saber que mi voz llega y conecta: eso es lo que me mueve. De un transistor naranja a Netflix, con mucha ilusión y una perra cabezota, este es mi camino. Si buscas una voz de España con historia para tu proyecto, ya me has encontrado.
Síntesis biográfica
1995
Estreno mi primer programa en la radio del instituto
1997
Empiezo Periodismo en la UAB y entro en Santa Coloma Radio
2001
Compagino la universidad con Santa Coloma Radio y Radio Salud
2002
Prácticas becado en Catalunya Ràdio y fin de la carrera
2003
Santa Coloma Radio se convierte en RKB y me pongo al frente del morning show
2008
Construyo mi primer home studio y arranco como locutor con estudio propio
2010
Comienzo el curso bianual de Actor de Doblaje
2012
Primeras colaboraciones en Onda Cero
…hasta la actualidad
Dirección y codirección de programas en Onda Cero, creación de pódcasts y centenares de clientes de locución en español de España y catalán
Del periodismo al doblaje
Periodista de formación y especializado en radio, di el salto a la voz por pura vocación. Tras mis primeras grabaciones como locutor me matriculé en la Escuela Catalana de Doblaje (ECAD), donde cursé Actor de Doblaje, Locutor Comercial y Narrador de Audiolibros. El resto te lo puedes imaginar: castings, demos, coaching y muchas horas de atril.
Así comenzó todo…
Empecé en 1995, con solo 16 años, haciendo radio amateur, y fui pasando por emisoras locales, autonómicas y nacionales. Un día me encargaron grabar unas cuñas para una megafonía y, sin saberlo, arrancó mi historia con la locución comercial: después llegaron las cuñas de radio, los spots y todo lo que vino detrás.
